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SITUACIÓN Y PERSPECTIVAS
Actualmente
se cultiva café en 12 estados de México y 398 municipios ( Padrón Nacional Cafetalero ), caracterizados
la mayoría de ellos por localizarse en zonas de difícil acceso, por tener
profundos rezagos en infraestructura básica y fuerte presencia de población
que vive en pobreza extrema, el 66% de los productores habla al menos una
lengua indígena.
En
los últimos 25 años, los predios cafetaleros del país han tenido un proceso
sostenido de atomización. La superficie promedio por productor en 1978 era de
3.48
hectáreas y en 2004 se redujo a 1.38 hectáreas.
Este fenómeno responde principalmente a la costumbre de subdividir los predios para heredar las
tierras entre los hijos y, en los últimos años, a la expectativa de recibir
transferencias de los programas de gobierno.
La producción del país se concentra en los estados de
Chiapas, Veracruz, Puebla y Oaxaca, que representan el 94% de la producción,
el 85% de la superficie y 83% del número de productores. De la producción
total, el 85% son granos arábigos procesados con beneficio húmedo, 12% son
arábigos naturales (secados al sol) y el restante 3% corresponde a la
variedad robusta.
El sistema de producción
predominante es de baja tecnificación e intensivo en el uso de mano de obra.
Por ello, el principal costo de producción es el pago de jornales para
realizar labores culturales y cosecha que en algunas unidades productivas
llega a representar hasta el 93% del costo total de producción.
Las
condiciones agroecológicas donde se cultiva café
son propicias para la producción de cafés de calidad. Al respecto, el 35% de
la superficie de café está sembrada a una altitud superior a los 900 metros sobre el
nivel del mar (m.s.n.m.) donde se producen cafés de
altura y estrictamente altura, el 43.5% se encuentra a una altura entre los
600 y 900 m.s.n.m.,
con potencial para producir café con calidad de exportación prima lavado y el
restante 21.5% de la superficie se encuentra por debajo de los 600 m.s.n.m., donde generalmente se producen cafés de
calidades inferiores.
En el plano internacional, el comportamiento histórico
del precio del café exhibe un patrón cíclico, donde los periodos de precios
bajos son más duraderos que los de precios altos. Sin embargo, la última
crisis de precios (2000–2004) tuvo rasgos que evidencian un cambio
estructural en el mercado internacional del café, caracterizado por una mayor
concentración en la oferta y en la demanda, que derivan en los menores
precios al productor registrados en las últimas décadas.
Por el lado de la oferta, el aumento sostenido de la
producción mundial se explica por los sustanciales incrementos de Brasil y
Vietnam. En Brasil, a raíz de la helada del ciclo 1994/1995, se amplió la
superficie cultivada en tierras altas y planas, más protegidas de las
contingencias climáticas, además de sustanciales innovaciones en las técnicas
de cultivo y la mecanización de la cosecha, factores que han reducido
sustancialmente los costos de producción y aumentado los rendimientos hasta
alcanzar 91 quintales por hectárea, 9 veces más que los rendimientos
registrados en México.
En
el caso de Vietnam, la expansión se ha basado en varios factores. En primer
término, en sus bajos costos de mano de obra, 1.3 dólares por jornal; en la
asistencia técnica y económica proporcionada por la República Democrática
Alemana a principios de los años ochenta; en la continuidad y fortalecimiento
de las políticas de apoyo en la década de los noventa; la posterior apertura
de las actividades agrícolas al sector privado y, finalmente, las líneas de
crédito proporcionadas por organismos multilaterales para la apertura de
nuevas zonas de cultivo.
Por
el lado de la demanda mundial, se observa un estancamiento provocado
primordialmente por dos hechos. El primero es el desarrollo tecnológico que
han llevado a cabo los grandes tostadores para ampliar la capacidad de
mezclar cafés de distintos países, variedades y calidades, mediante procesos
de vaporización que les permiten estandarizar el sabor y con ello disminuir
riesgos en los volúmenes de suministros de café y utilizar en mayor medida
cafés de calidades inferiores.
El
segundo hecho es la concentración desde la etapa de comercialización de café
verde, y hasta las ventas en anaquel, que explica en parte que las bajas en
los precios internacionales de café verde no se vean reflejadas en la
disminución en los precios de venta del café en anaquel.
Considerando la atomización de la estructura productiva
de México, basada en pequeños productores ubicados en zonas de difícil
acceso, la concentración en los canales internacionales de comercialización,
la producción intensiva en tecnología de Brasil y los bajos costos de
Vietnam, existen pocas oportunidades a los productores mexicanos en los
mercados convencionales de café. Las alternativas ante este entorno, apuntan
al ajuste de la estructura productiva y de comercialización hacia los cafés
de calidad el incremento del consumo interno y la reconversión productiva.
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